El año pasado, el 1 de julio, se fue mi perra que estuvo conmigo en las buenas y en las malas durante 12 años. Fue mi hija mayor. Unos meses después, por las navidades del 2019, ella me mandó a Mía, una perrita ya adulta y algo maltratada. Fue abandonada de mala manera por su dueña después de 10 años de tenerla. Una maldad terrible. Me enamoré de ella de inmediato y supe que la Cosita me mandó a esta muñeca para que cuidara de ella y ella me cuidara a mí. Le prometí que así sería.

El día que llegó a casa, durmió casi 20 horas: tan cansada estaba. Pero cuando se despertó, Mía era mi hija menor. Los dos sentíamos como si estuviera en casa desde siempre. Desde entonces también estuvo conmigo cuidándome incondicionalmente, siendo mi apoyo siempre, sobre todo durante el confinamiento por la pandemia. Y yo traté de hacer todo lo posible para que estuviera feliz, y así estaba. Pero el domingo 30 de agosto de un momento para el otro se sintió mal y, aunque llegamos rápido al hospital, no logró sobrevivir la cirugía que mostró que también tenía tumor de estos que no molestan ni se demuestran hasta el último momento. A mi segunda hija también se la llevó esta maldita enfermedad y me hizo incumplir mi promesa que le había dado a la Cosita de cuidar de la muñeca.

Un enorme vacío dejó Mía como solo a los que amamos dejan. Se fueron mis dos hijas, pero ahora están juntas jugando y esperándome. Ojalá este relato de la imagen de abajo, que me enviaron del crematorio, sea cierto o, por lo menos, me reconforta pensar así. Descansa en paz, mi muñeca. Algún día estaremos todos juntos para siempre.

Libertarian. University professor. Columnist at Minuto30.com (Colombia), radio show Liberpraxis host and producer (Guatemala). I write in Eng, Spa & Rus here